Manuel acarició su rostro, rompió el beso, habló, su voz profunda, y ronca, sensual;
—Eres mi mujer, te deseo, sí, deseo acariciar cada parte de ti, hundirme en ti y hacerte gritar mi nombre, lo deseo más que nada en mi maldita vida, pero también quiero amarte, quiero ser tuyo, que seas mía, meterme en tu cuerpo, en tu corazón y alma; soy un loco, soy todo lo que quieras, pero lo que siento ahora por ti, no lo siento por nadie más.
Mayte abrió ojos enormes, sus palabras hicieron que su piel se e