La abuela se levantó de su asiento con un ímpetu rabioso.
Su mirada se encendió con furia, pues no necesitaba preguntar quién estaba detrás de semejante humillación.
Lo sabía en lo más profundo de su ser: aquello era obra de Karina, la madre de Fely, esa mujer venenosa que siempre encontraba la manera de ensuciar a Mayte.
El silencio de la sala se rompió de inmediato con una voz clara y firme.
—¡Un millón de euros! —sentenció Manuel, con un tono que resonó por todo el salón.
Su declaración hizo