Maryam volvió a recostarse en la cama, exhausta. Su respiración era débil, pero constante.
En su rostro había una mezcla de cansancio y tristeza, como si la vida se hubiese ensañado con ella una vez más.
Aquel hospital, con sus luces frías y el olor penetrante del desinfectante, le recordaba todo lo que había perdido… y todo lo que aún le dolía.
Afuera, Hernando caminaba como una fiera acorralada. Sus pasos resonaban en el pasillo hasta que se detuvo frente a Claudia.
Ella intentó sonreírle, per