A la mañana siguiente, Aurora abrió lentamente los ojos. Por unos segundos no supo dónde estaba. La habitación blanca, el olor a desinfectante, el pitido constante del monitor… todo le pareció ajeno, hasta que lo vio a él.
Braulio estaba sentado a su lado, inclinado hacia la cama, dormido con la cabeza recargada sobre su brazo. Había pasado la noche ahí.
“¿Braulio… estuvo cuidándome toda la noche?”
Ella recordó de golpe el dolor, la sangre, el mareo. Su respiración se agitó.
Braulio abrió los oj