Al día siguiente.
Martín se encontró con su abuela en la entrada de la casa, y la mirada que ella le lanzó era como un rayo que atravesaba la atmósfera tensa entre ellos.
Estaba furiosa, y su voz resonó en la habitación como un trueno.
—¿Por qué? —exclamó la abuela, su tono lleno de indignación—. Dime, ¿por qué no quieres darle el divorcio a Mayte?
Martín bajó la mirada, sintiendo el peso de la decepción y la rabia, acumulándose en su pecho.
Su madre estaba a su lado, y la expresión de Ilse, su