Aurora subió las escaleras como una llamarada descontrolada. No pensaba, no respiraba, no veía más allá del dolor que le quemaba el pecho.
Su corazón golpeaba con violencia, pero no era por amor esta vez, sino por la furia que la invadía. Abrió la puerta de la alcoba con brusquedad y fue directo al armario. Sus manos temblaban mientras jalaba la maleta, arrojándola sobre la cama sin cuidado.
Braulio llegó segundos después, aun con la respiración entrecortada por la sorpresa y el miedo.
La puerta