La boda se realizó bajo un cielo despejado, como si el universo mismo hubiera decidido bendecir aquel enlace que, en apariencia, prometía amor y felicidad.
Los invitados aplaudieron cuando Aurora y Braulio pronunciaron el “sí, acepto”, y el murmullo de las voces llenó la capilla.
Todos sonreían. Nadie imaginaba que tras las sonrisas se escondían verdades que pronto saldrían a la luz.
Durante la fiesta, las luces del salón titilaban con elegancia y el murmullo de los invitados se mezclaba con el