Al día siguiente, el aire en el juzgado era denso, cargado de tensiones y emociones reprimidas.
Mayte y Martín se encontraron en el vestíbulo, rodeados de abogados que intercambiaban miradas nerviosas y susurros apenas audibles.
El ambiente era tenso, como si cada rincón del lugar estuviera impregnado de la historia de su relación, una historia que ahora se encontraba al borde de un final definitivo.
—¿Estamos listos para ver al juez y, por fin, firmar el divorcio? —preguntó uno de los abogados,