Martín tomó sus labios con desesperación, en un beso que luchaba por ser pasional, que buscaba reclamarla, como si pudiera marcarla con sus labios.
Era un acto de desesperación, un intento de retener lo que se le escapaba entre los dedos.
Pero había algo más, algo que él no esperaba: un rechazo absoluto.
No, Mayte esta vez no peleó, no intentó alejarlo. Fue algo peor que todo eso.
Ella simplemente se quedó quieta, como una muñeca inflable, como una estatua de hielo.
No reaccionaba.
Cuando él abr