En una lujosa suite de un hotel exclusivo de Acapulco, el champán fluía y la música electrónica vibraba contra las paredes de cristal.
Alejandro reía, rodeado de modelos y viejos conocidos, mientras Susan le susurraba al oído. Para él, Ana Laura no era más que un activo financiero, una pieza de ajedrez que le había permitido ganar la partida contra su primo Fabricio. La "felicidad" de la que hablaba su abuelo era esto: poder, control y cero ataduras emocionales.
Al mismo tiempo, en una clí