Por razones de trabajo, Liam tuvo que volver a Los Ángeles, pero no sin antes despedirse de su hijo con la promesa de regresar pronto. Aunque Juan Manuel aún no comprende el lazo de sangre que lo une a él, su pequeño corazón ya lo extraña; la ausencia de su "amigo" ha dejado una estela de tristeza en sus días.
Una mañana, mientras Victoria lo despertaba para ir al colegio, notó que el niño no tenía su energía habitual.
-¿Qué pasa, amor? -preguntó ella, acariciando su rostro con ternura.