Al llegar a casa, Victoria sintió que no podía ocultar la verdad ni un segundo más. Llamó a Juan Manuel a su cama, lo rodeó con sus brazos y, con la voz entrecortada, le reveló que Liam no era solo un amigo, sino su padre.
La respuesta del niño la dejó sin aliento. Con una sonrisa radiante, Juan Manuel confesó que le había pedido a Dios que Liam fuera su papá, y que estaba inmensamente feliz porque su deseo se había cumplido. Victoria quedó asombrada por la naturalidad con la que el pequeño