Alejandro tragó saliva, sintiendo que el aire le faltaba, y caminó tras él. Mariela quiso dar un paso al frente para mediar, pero la puerta del estudio se cerró con un golpe seco y definitivo, dejándola fuera.
Dentro, Don Martín no se sentó. Se quedó de pie tras su escritorio, dándole la espalda a Alejandro mientras observaba el jardín a través del ventanal.
—Vi a Diego —soltó el abuelo, con una voz tan baja que Alejandro tuvo que inclinarse para oírla—. Vi a ese niño luchando por respira