En parte era verdad. Seguía vivo, totalmente inconsciente. Pero no había esperanza que despertara. Sin embargo, era muy cuidadosa y algo me decía que el chico que estaba cerca hablando por teléfono, no estaba hablando con alguien. Me miró, saludó con un movimiento de cabeza y sonrío. No podía verlo bien por la gorra que llevaba pero aun así, saludé de la misma manera.
-Buenos días -me dijo. Y siguió hablando-. ¿Cómo es eso posible? -preguntaba a la persona detrás del móvil-. ¿Justo ahora? -esta