Besé sus labios y le agarré la cabeza hasta que estuve preparado para dejarla ir. Soy así de posesivo después del sexo con ella. No me gusta separarme justo después, y como se encontraba encima de mí, no me tenía que preocupar de no aplastarla y podía quedarme un poquito más.
Empujé hondo otra vez y la hice gemir con lujuria contra mis labios.
-¿Quieres más? -preguntó con una voz que mezclaba satisfacción y sorpresa.
-Solo si tú quieres -dije-. Nunca te rechazaría y me gusta cuando me asaltas,