La llamé desde el coche mientras conducía.
-Hola. No tengo hambre, Elliot -sonaba rara.
-¿Qué te pasa, nena? ¿No te encuentras bien? esto era nuevo. Nunca antes había estado enferma, excepto el dolor de cabeza de la noche que nos conocimos.
-Me duele la tripa. Estaba acostada.
-¿Crees que te estás poniendo enferma? ¿Quieres que pase por la farmacia y te compre algo? -le ofrecí.
Hizo una pausa antes de contestar de forma crítica.
-No..., es que me duelen los ovarios.
Ah. La maldición. La conocía