-¡Sí! -respondió Raquel.
-Puf -refunfuñé-. Solo si voy yo de carabina, y tengo casos pendientes hasta después de agosto -le eché una mirada a Ivan para hacerle saber que Raquel iría sola a su finca de Irlanda por encima de mi cadáver en descomposición.
-¿Qué? ¿No te fías de mí, E, de tu propia sangre? -negó con la cabeza-. Qué triste.
-¿Con ella? ¡Ni de coña! -volví a coger la mano de Raquel, y las ganas de tocarla superaban el hecho de que fuera un cabrón celoso con cualquiera que intentara fl