-Por favor, llámame Richard, y ten un poco más de paciencia conmigo, querida, porque me voy a tomar otra libertad -¡mi padre se inclinó y la besó en la mejilla! Ella se ruborizó algo más y sintió un poco de vergüenza, pero aún parecía contenta. Seguí acariciándole la espalda y esperé que no fuese demasiado... de todo.
-No te pases, viejo -dijo, mientras negaba con la cabeza-. Mi chica. Mía -la acerqué más a mí hasta que soltó una queja.
-Creo que lo pillan, Elliot -repuso ella, con la mano en m