Me solté del brazo de David y me fui a la cocina, dejando a los tres hombres allí mirándose cómo bobos. Querían distraerme, no recordarme todo esto, pero no los culpaba en no poder hacerlo siempre.
Al entrar a la cocina, me encontré con mi suegra, mi abuela, mi tía, Marcela y mis cuñadas. Todas las mujeres de la casa.
-Hola, querida -saludó mi abuela-. Raquel te preparó algo de comer.
-Ya iba a llevártelo -dijo Raquel y me regaló su genuina sonrisa-. ¿Cómo te sientes? ¿Tienes apetito? Si no qui