Juliette
Seth no me besó con amor, sino con algo mucho peor. Él reclamó mi boca con una posesividad devastadora.
Sus labios aplastaron los míos con una desesperación hambrienta, castigadora. Su lengua invadió mi boca, reclamando, marcando territorio.
Debí empujarlo. Debí golpearlo.
Pero no lo hice.
Mis manos ascendieron por su torso mientras le devolvía el beso con la misma necesidad, con el mismo hambre.
Descargué mi frustración contra su boca.
Y, Dios, cuánto extrañaba ser besada por él. Por el hombre que amaba y que nunca podría dejar de amar, así nos odiaramos, nos pelearamos o nos distanciaramos.
Una parte de mí siempre sería suya.
Por un momento, no hubo deudas, ni contratos, ni Nolan. Solo éramos nosotros dos, como en el pasado, consumiéndonos en el incendio que habíamos provocado.
Seth gruñó, apretándome más fuerte contra su cuerpo. Pude sentir su deseo duro contra mi vientre. Sentí que él también estaba perdido, que me necesitaba tanto como yo a él.
Pero tan rápido como em