Juliette
El infierno no era el fuego. El infierno era el hielo.
Habían pasado veinticuatro horas desde que Seth destrozó la lámpara contra la pared, y desde entonces, no me había dirigido la palabra si no era para dar una orden directa.
Me había degradado.
Mi inútil escritorio seguía en la esquina, pero ahora mi trabajo no consistía en revisar balances o asistir en reuniones.
—El archivo del sótano es un desastre —había dicho esa mañana, sin mirarme, mientras firmaba documentos—. Quie