Juliette
El beso de Seth fué una colisión.
Fué el choque de dos trenes de carga que llevaban cinco años acelerando en direcciones opuestas. No hubo suavidad, ni tanteo, ni preguntas. Seth invadió mi boca con la misma violencia con la que había invadido mi vida, reclamando lo que consideraba suyo por derecho de conquista.
Sus labios sabían a whisky, a desesperación y a peligro.
Gemí contra su boca, abriéndome a él, recibiendo su lengua con un hambre que me avergonzaba y me liberaba a partes iguales. Mis manos se aferraron a su cabello, tirando de él para acercarlo más, si es que eso era físicamente posible.
—Mía —gruñó Seth contra mi garganta, descendiendo con besos húmedos y mordiscos que marcaban mi piel—. Siempre has sido jodidamente mía.
Me levantó en vilo como si no pesara nada. Enrosqué mis piernas alrededor de su cintura, mis tacones golpeando su espalda baja, mientras él caminaba a ciegas hacia el sofá de cuero negro.
Nos dejamos caer sobre él. O más bien, él me atrapó contra e