Juliette
El beso de Seth fué una colisión.
Fué el choque de dos trenes de carga que llevaban cinco años acelerando en direcciones opuestas. No hubo suavidad, ni tanteo, ni preguntas. Seth invadió mi boca con la misma violencia con la que había invadido mi vida, reclamando lo que consideraba suyo por derecho de conquista.
Sus labios sabían a whisky, a desesperación y a peligro.
Gemí contra su boca, abriéndome a él, recibiendo su lengua con un hambre que me avergonzaba y me liberaba a partes igua