Juliette
—¿Y qué quieres hacerme, Seth?
Mi desafío quedó flotando en el aire denso de la oficina.
Seth se quedó inmóvil. Sus ojos negros bajaron a mi boca, devorándola. Por un segundo, sentí el calor de su cuerpo irradiando hacia el mío, esa promesa de violencia y placer. Mi corazón golpeaba contra mis costillas, suplicando que rompiera la distancia.
Pero entonces, parpadeó. El hielo volvió. Y se apartó bruscamente.
—Vuelve a tu sitio —ordenó, con voz fría y metálica—. Y termina el informe.
La