La pequeña vida
El sol brillaba alto sobre el océano, desde la terraza del enorme pent-house, el mar parecía infinito, las olas rompían suavemente contra la arena blanca, mientras una brisa cálida movía las cortinas de seda que rodeaban la piscina privada.
Kendra estaba recostada en un cómodo sillón junto a la terraza, usando un elegante vestido liviano que se movía con el viento.
Un camarero se acercó con una bandeja de frutas frescas y jugo natural. —Buenos días, su alteza.
Kendra sonrió auto