El despertador sonó dos horas antes de lo normal. Eran las cinco de la mañana cuando ya estaba dispuesto a comerse el día. Se dio una ducha y se arregló tal como su amigo le decía siempre que hiciera. Quería verse bien para Aledis, aunque no fuera el hombre por el que ella sufría.
«O sí. Porque si siente algo, es por mí. Todas las horas que pasamos hablando fue conmigo no con él». Trabajó durante una hora en el programa que estaba creando para su empresa. Apenas se hicieron las siete de la maña