Cristian logró escuchar casi toda la conversación que mantuvieron las dos mujeres y la curiosidad lo estaba matando. Moría de ganas por preguntar y enterarse de todos sus secretos. Sin embargo, decidió ser prudente ya que ella parecía reacia a compartir su intimidad.
La engatusaría para que pasara el día con él, y una vez que estuviera tranquila la obligaría a hablar. Se decía que su comportamiento se debía a su amor por el fisgoneo. Aunque pensar en ella marchándose sin saber dónde localizarla