Memorias eternas
Diez años atrás, una niña corría alegremente por los jardines, riéndose de los intentos fallidos de su madre por atraparla. La inocencia y la luz que irradiaba la pequeña eran un espectáculo hermoso para la mujer que la perseguía. Para Caroline, su hija era la encarnación de la felicidad absoluta; verla reír y disfrutar de su aventura hacía que su corazón latiera con fuerza.
Caroline Diana Hudson de Velmont, una joven de veintiocho años, con cabello castaño y ojos marrones que