En el abismo de la pena
Los días transcurrían en la mansión Velmont, pero el deterioro y el dolor de la joven Caroline se hacían cada vez más evidentes. Su rostro mostraba profundas ojeras por la falta de sueño, su piel estaba pálida por no comer, y su ánimo se había desvanecido, confinándola a su habitación. Esta situación provocaba la ira de Leopoldo, no solo por la preocupación que le causaba su hija, sino también por la impotencia de verla así.
Una tarde, Leopoldo irrumpió en la habitación