Después de la terrible tormenta que inundó el pueblo durante la noche, la mañana trajo un contraste absoluto. El cielo se cubría de rayos cálidos que prometían un día hermoso, pero el señor Antonio no podría disfrutarlo. Esperaba en su celda, aguardando su pena de muerte.
Sentado en el frío suelo, su mirada seria reflejaba la tormenta interna que lo consumía. Recordaba cómo su exesposa había ido a verlo el día anterior, con un vientre abultado, fruto del adulterio con su hijo Charles. Su mano s