CAPÍTULO — LAS HUELLAS DE ELIANA
Khael Lorentz corría bajo la luna. Sus patas golpeaban la tierra con la urgencia de quien siente que ya no puede esperar más. Desde que Nayara había vuelto, desde que el destino le mostró a su hija frente a los ojos, algo en su interior se quebró y se reconstruyó al mismo tiempo. Ya había vivido suficiente exilio, suficiente castigo por no verla, por ser ciego. Ahora debía buscarla.
El aire de la ruta ardía en su garganta, pero no se detuvo. Corrió durante hora