El agua me golpea la cara. Me asusto, jadeando. De nuevo, el agua me salpica la cara. La fuerza del agua me echa la cabeza hacia atrás, obligándome a tomar un aire al que ya no tengo acceso.
Alguien me agarra del pelo y me tira hacia delante. Es el mismo hombre de antes. Me mira fijamente a los ojos. —Empieza a hablar.
Abro los labios, pero no tengo nada que decir. ¿Lo que diga hará que me maten? Estaba bien con eso, con la muerte. Acepté mi destino... hasta que vi esa rosa.
Ahora tengo que