VINCENZO:
Mientras caminaba por el pasillo, noté que la puerta del aula se abría y ahí estaba ella. Su cabello caía en suaves ondas sobre sus hombros, y su mirada perdida me hizo sentir un impulso incontrolable de acercarme. Así que decidí actuar. Con un paso decidido, me dirigí hacia ella y, en un movimiento calculado, choqué suavemente contra su hombro.
Noté como Gabriela se tensó por un momento, y subió la mirada lentamente.
—¡Oh! —exclamó Gabriela, sorprendida—. Lo siento, no te vi venir