VINCENZO:
—¡Oh no! —exclamó Gabriela mirando su reloj—. ¡Se me hizo muy tarde! Tengo que dar mi primera clase en la universidad en cinco minutos.
Sentí un nudo en el estómago al ver su angustia. Sabía lo importante que era su trabajo, así que rápidamente le dije:
—Puedo llevarte. No hay problema.
Ella me miró con una mezcla de gratitud y pánico.
—Vincenzo, no sé... —dijo, su voz temblando un poco—. No quiero que me vean llegar contigo. Ya sabes cómo son las cosas en la universidad. Podrían pe