GABRIELA:
Hoy era mi segundo día de trabajo en la universidad, y, para variar, había llegado tarde. Mis planes de llegar con tiempo se habían desmoronado. Aún así, tenía la esperanza de que la directora no estuviera esperándome con un reloj en mano.
Al llegar a la entrada de la universidad, me encontré con su mirada seria.
—Gabriela —dijo con un tono que me hizo sentir pequeña—, llegar tarde no es aceptable. Es solo tu segundo día, y ya estás poniendo en duda tu compromiso.
La culpa me invad