Esa noche, la ciudad parecía cubierta por una calma extraña. Desde el balcón del apartamento de Nathan se veían los techos de Milán iluminados por los faroles y el reflejo de los autos que cruzaban las avenidas. Era tarde, y el silencio solo se rompía por el leve zumbido del viento que golpeaba los ventanales.
Logan estaba de pie frente a la puerta principal, sosteniendo el casco de su moto con una mano. Había dudado más de una vez antes de venir. Había dado vueltas por las calles, había encend