Nathan lo observó un segundo en silencio, como si quisiera decir algo más. Finalmente, murmuró:
—Bien. Pero antes de que te vayas, toma algo conmigo. ¿Qué te parece si pedimos un café? —propuso, intentando aliviar la tensión.
—Sin alcohol —dijo Logan, con una sonrisa amarga—. Ya sabes lo que pasa cada vez que bebemos.
Nathan lo miró fijo.
—No fue el alcohol, Logan. Lo sabes tan bien como yo.
Nathan se recostó en su silla de cuero, girando apenas el rostro hacia Logan con una sonrisa contenida.