70. Se acabó
Derek Montenegro
La llamada se cortó con un sonido seco. La frustración que sentia empezó a recorrer mis venas como un líquido corrosivo.
¡Maldición!
En el almacén, el ambiente estaba cargado con el penetrante aroma de la sustancia ilegal, agarrando al desleal por su camisa, la cual estaba sucia y desgarrada. Al recogerlo del piso, noté lo pesado e inútil que era al sostenerlo. Él compartió una de mis fórmulas con Santoro y estaba a cargo de ese laboratorio. En las últimas horas, me había e