62. Ni siquiera yo
Derek Montenegro
Hacía un día que habíamos regresado de nuestro viaje. Una vez más, Eloise recibió una invitación de su hermano para salir. Intenté mandarla con Benjamín, pero solo me lanzo una advertencia de que se marcharía si lo hacía... y como un perro bien entrenado, cumplí. Ella poco a poco se estaba convirtiendo en mi dueña, su deseo era el mandato que cumpliría sin pensármelo dos veces. Al prever que ella lo identificaría, opté por enviar a un hombre de nuestra confianza para observarla