Dos semanas.
Catorce días que intenté aprovechar lo mejor posible; investigar, infiltrarme en el ala este. ¿Qué conseguí? Nada.
Las puertas de acero reforzado siempre estaban cerradas, bajo llave. Y no importaba cuántos ganchos introdujera en la cerradura, no cedía. Esa puerta era impenetrable. No dudaba de mi habilidad para forzar cerraduras, lo había hecho incontables veces a lo largo de los últimos tres años, para salir de distintos aprietos.
Necesitaba la llave.
Y Cipriano debe llev