Oliver caminó alejándose de su adictiva alumna, pero tuvo que voltear para mirarla cuando sintió sus ojos bonitos en su espalda.
Encontró a Abigaíl nadando en un mar de emociones. Mas que nadando, parecía que se ahogaba.
Oliver sintió culpabilidad. No quería lastimarla, mucho menos hacerla sentir algo incorrecto, así que regresó para abrazarla y contenerla.
—¿Estás bien? —le preguntó liado.
No le gustó verla así.
Abigaíl asintió.
—Sí, yo solo... —Carraspeó para recomponerse—. Gracias por darme