Capítulo 13.
El Coliseo era un solo rugido. Gritos, llantos, pasos desesperados.
Abrí los ojos, sucumbiendo a la tentación de saber qué pasaba.
Las hembras que habían saltado desde las gradas fueron reducidas en segundos a presas de los Bersakers: colmillos desgarrando carne, garras arrancando miembros. La piedra antigua temblaba bajo el estrépito de la matanza.
Yo lo observé mientras trataba de cubrir a mi cachorra de toda esa violencia. El hedor metálico me llenó la garganta.
En medio del caos, Markos per