P.O. V. Adriano.
La veo marcharse a toda velocidad saliendo por la puerta, dejándome solo en el comedor. Dejo salir un suspiro y trago saliva, camino acercándome al comedor, tomando una de las botellas de vino; miro la enorme mesa que está hecha un desastre.
—¡Jenifer! —vociferó con fuerza.
Espero a que la sirvienta venga. Oigo sus pasos acercarse a toda velocidad entrando al comedor.
—Sí, señor —habla la mujer baja usando su traje de sirvienta y bajando la vista como si estuviera en la