Escuchar que ha pronunciado mi apellido me deja sorprendido; no creí que me recordara. Hace años que no vengo aquí, diría prácticamente desde que era un adolescente temperamental lleno de frustraciones, rabia y que culpaba a todos. Ahora, aunque no he visto su rostro, sé que es un hombre.
—¿Se va a quedar callado? —preguntó nuevamente con un tono frío.
—Lo siento, señor, pero me sorprende mucho que se acuerde de mí —digo con amabilidad.
—Cómo no iba a recordar a una de las pocas personas