Cuando mi hijo se ha ido, salgo de mi habitación y voy directamente hacia la oficina de mi esposo. Entro sin tocar porque no lo necesito. Al abrir la puerta rápido, veo cómo él levanta la vista.
—¿¡Qué demonios tienes en la cabeza!? —gritó furiosa.
—¿Qué te pasa, cariño?
—Todavía lo preguntas, ¿cómo te atreves a decirle eso a Adriano, decirle que tiene que darse con esa mujer que no ama?
—Ya veo que te fue con el chisme —menciona, bajando la vista a sus papeles.
—No me fue con ningún c