Alistair Ferrero
El jet privado tocó la pista de aterrizaje del aeropuerto privado con una suavidad imperceptible, frenando metros más adelante hasta detenerse por completo junto a la escalerilla. El aire fresco de la mañana nos recibió apenas la puerta principal de la aeronave se abrió, trayendo consigo el eco sutil de los motores apagándose.
Alessandra y yo bajamos uno detrás del otro por las escalinatas de metal. Al pie de la pista ya nos aguardaba una camioneta todoterreno de alta gama,