Alistair Ferrero
Cerré la puerta del baño principal con un movimiento seco, asegurando el pestillo metálico con un chasquido que resonó en el silencio de la estancia. Necesitaba aislamiento absoluto. El vapor del agua caliente que comencé a dejar correr en la ducha empezó a empañar los espejos de mármol, creando una cortina perfecta para la conversación que estaba a punto de sostener.
Saqué el teléfono celular del bolsillo de mi pantalón, busqué el contacto cifrado de mi asesor legal de confi