Alistair Ferrero
El aire en el salón principal de la mansión pesaba como el plomo, cargado con el olor a vino y la estela de un descontrol que Juliette intentaba disimular a trompicones.
La cena con Thiago estaba programada, pero el asiento destinado a Alessandra seguía vacío, y el tic-tac invisible del reloj comenzaba a desquiciar a mi esposa.
Juliette caminaba de un lado a otro frente al ventanal, con la copa medio vacía en la mano temblorosa. Su peinado impecable comenzaba a desarmarse po