Alistair Ferrero
El aire en el pasillo que conduce al comedor se siente cargado, casi irrespirable, como si las paredes mismas supieran lo que acaba de ocurrir en la ducha hace apenas unos minutos. Me ajusto la corbata, sintiendo cada fibra de mi cuerpo tensa, con la marca de la frustración aún grabada en mi mente. La discusión con Juliette ha dejado un sabor metálico en mi boca, un residuo de mentiras y fingimiento que me resulta cada vez más difícil de tragar.
Al entrar al comedor, la image