Alistair Ferrero
Mis ojos se abren de golpe antes de que el sonido metálico de la alarma tenga la oportunidad de romper el silencio del dormitorio. Miro el reloj digital sobre la mesa de noche: seis y media de la mañana. Me quedo inmóvil sobre las sábanas de seda, con el cuerpo rígido y el pecho subiendo y bajando a un ritmo acelerado. No me he despertado descansado me he despertado con la misma presión en la garganta que me acompañó al acostarme.
Alessandra.
El nombre cruza mi mente como un