DALTON
Si alguien me hubiera dicho hace unos años que terminaría, a mis treinta y tantos, siguiendo a mi propia madre por la ciudad en una moto vieja conducida por mi futura esposa que está vestida en tacones y con una sonrisa de “la vida es una película, Dalton, y tú eres mi extra favorito”, honestamente, habría internado en un psiquiátrico por voluntad propia.
Sin embargo la vida da muchas vueltas y ahí estaba yo, temblando entre la risa y el pánico, aferrado a la cintura de Lía mientras la n